SERIF

PÁJARO CON PIEL DE MANZANA.

LUISA FERNANDA GALVIS CALLEJAS

SOY UN PÁJARO CON PIEL DE MANZANA

     “Soy tan joven que pienso que mi corazón es una muñeca de trapo que tiene por corazón a una niña alta y flaca con aspecto de pájaro que se alimenta únicamente con las frutas de la lluvia.” -  (Cuando me miro al espejo - Jairo Aníbal Niño)

      Un buen día de octubre, dejó de ser bueno cuando una mujer que tenía vida en su vientre tuvo complicaciones. Dos niñas, iguales por fuera,  apenas llegaban al séptimo mes cuando el doctor decidió que era tiempo de nacer. Eran tan pequeñas, que era todo un milagro que a las 9:45 de la noche, en el momento  en el que fue cortado el cordón, ambas llenaran la sala de gritos y respiraran con independencia. Pasaron un tiempo en incubadora, bajo una luz de carácter frío que desapareció el color amarillo y dejó ver el rostro pálido  y el rosado de sus mejillas.

      Mamá estando sola siempre fue trabajadora, la niña entonces estuvo la mejor de las suertes. Junto a su casa vivían 5 de sus tías abuelas, viejitas llenas de amor y entusiasmo  para jugar con la energía que tenían reservada para los nietos, que debido a su soltería no verían llegar. Las novelas románticas y los príncipes azules siempre fueron de gran importancia en la vida de la niña. Toda su familia se encargaba de mantenerle un secreto, ella no era una princesa, a pesar de que así la hacían sentir. Esta extraña esperanza nació en el kínder cuando la vistieron de pana, de color azul noche, y la peinaron con brillantes alrededor de la cabeza, la coronaron con sueños.  Fue la reina del kínder, un carruaje la esperó bajo la tarima del parque del barrio, su edecán;  Sebastián, tenía un smoking a juego con el vestido y la acompañó mandando saludos y besos a lo largo del desfile. Por muchas noches,  estuvo  completamente convencida de su naturaleza real, así mismo de que ese día Sebastián y ella se habían convertido en cónyuges. Durante años, esto  causo  gracia entre los mayores; ojalá alguien le hubiese dicho que no era un reinado de belleza,  solo había ganado por la labor publicista de su tío, que vendió  cientos de tamales por todo el barrio.

      Habían pasado casi trecientas lunas desde que la niña había dejado de ver a Sebastián, había entrado en un colegio de monjas y su primer golpe real llegó. Por primera vez dejó de ver la muerte con inocencia, su tío abuelo, Varguitas, se había marchado, junto a él los helados por la mañana y los paseos a ver luces de navidad. Le dolió incluso más que lo ocurrido 6 meses atrás, cuando se fracturó la clavícula  y su mamá se tardó tres días en llevarla al médico, dizque que por consentida y exagerada; no tenía nada exagerado gritar cuando te ponían ceñidas jardineras que implicaban toda una ciencia al vestir.                                                                                                                                                                                    

     Mamihlapinatapai es la palabra más concisa del mundo, significa "una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean,  pero que ninguna se anima a iniciar",  ella siempre ha sido cobarde. Mamá tenía una casa en un conjunto de descanso fuera de Bogotá,  desde que tiene memoria han ido. Junto a su apartamento vivía Felipe, un niño de ojos oscuros que parecían muy tristes, ella tuvo ganas de repararlos. Tenía 10 años cuando lo conoció, era uno de esos niños “gomelos, ricos, problema”, o eso decían sus papás divorciados que siempre lo dejaban con la empleada. Ambos salían de noche a jugar con los otros niños de la finca, eran 15 y les decían “guardería”.  Trepar árboles, hacer clavados,  saltar vallas y hacer carreras de relevos eran sus cosas favoritas; a cada uno le paso algo: dientes partidos, cabezas y rodillas sangrando, en 2 ocaciones hasta fracturas.  Realmente a la niña se le olvidaban el riesgo y la prudencia mientras Felipe estuviera. Cuatro años más tarde lo vio por última vez, cuando camino de la mano por el centro de la plaza con una joven de unos 16  años que declaraba al que pasaba: ”es niña” ; primera desilusión amorosa, última noche que salía a jugar, última vez que arreglaba  cualquier  par de ojos que estuvieran  dañados. 

Aunque no todo fue malo, ella aprendió que en las travesuras hay alegría y aprendizaje, él le dio el valor para meterse en las costas inglesas en invierno a la mitad de la noche. No se dio cuenta de lo peligroso que era, hasta que la olas casi se la comen y unos surfistas llegaron a su rescate. Momento más cerca a la muerte. En todo caso, vivió y ahora tiene algo que contarle a sus nietos, cuando ellos tengan el turno de ir de intercambio. Sin embargo esa noche llorando no fue la peor.

     Se acuerda mucho del día que le dijo a su mamá que era un ave y no un pez. – Te inscribí en los Andes a diseño Industrial- dijo mamá. ¿Las deudas no estaban saldadas ya? – pensó la niña que hasta undécimo intentó hacer deporte y sacar buenas notas para enorgullecerla. INT. CASA DE MAMÁ – COMEDOR – NOCHE. La niña se acerca a la mesa con un folleto amarillo. Mamá la espera sentada con dos platos de comida servidos.  LA NIÑA- Quiero estudiar cine mamá- Mamá se levanta del comedor, allí se quedan los platos llenos, intactos. La noche de lágrimas valió la pena, a la mañana siguiente mamá, quien era seca desde que la dejo papá, le dijo por primera vez que ella no era una carga, era un regalo.

     Cuando cumplió los  diecisiete años, dejó de ir al colegio de monjas que le dio alegrías y le confirió enemigos. Como es timida e insegura fue muy difícil que los versos de esa  joven salieran a la luz. Esa inseguridad es una de las razones por las que siempre le ha  dado pánico  acercarse de primero a una persona o responder cuando alguien extraño se aproxima, quizá por eso  le cuesta tanto sostener la mirada, debe ser por eso que suele pasar de antipática.

     Ya cumplida la mayoría de edad, había vivido muchos entierros,  ninguno así. Sergio Andrés tenía 8 años cuando murió después de haber luchado  contra la leucemia. ¿Cómo entonces podía un sujeto tan común sentirse desafortunado? ¿De qué tenía tanto  miedo? ¿ Tenía comparación  el pánico de no ser suficiente?  La niña decidió no morirse con tantas preguntas abiertas. Era momento de preguntarse ¿quién quería ser, qué quería hacer?

    “Lo que realmente me importa es crear maravillas, que hagan que la gente se sienta mejor. Es por eso que cuando crezca quiero ser un mago.” dijo  Nicolás Alcala, un director de cine. Escucho después que un tipo de magia era la eternidad y que el arte era una manera de eternizarse. -Que dentro de muchos años  y en lugar lejano,  alguien  escuche mi nombre; quiero ser inmortal-  fue su primer sueño. Como  ella siente fascinación por las hadas, las princesas y ama con locura el momento en el que los fuegos artificiales encienden  la noche de Magic Kingdom, pretende  esconderse detrás del papel a escribir historias de otros, que le permitan ir y volver de mundo en mundo; en donde  no tenga que preocuparse por su aspecto de pájaro,  ni su piel de manzana.

Ella sabe que siempre será “la nena”, lo confirmo este año, cuando en su cumpleaños número 20, todos seguían llamándola  “pequeña”.

     A la niña de está historia le gusta escribir en tercera persona y  sí todavía  no está claro:  la niña soy yo.


Mi nombre es Luisa Fernanda Galvis, tengo 20 años y muchas historias por contar, todas ficticias, nunca me "ha tocado duro". Estudio cine y comunicación social, creó que odio la comunicación, pero soy muy insegura de mi talento como  para dejarla. Soy una nerd, pero una chevére. Escribo, o lo intento. Soy detallista, perseverante y muy sencible. Al principio, no hablo mucho, después nadie me callá. Soy consentida, aunque independiente. Soy mujer, soy fantasia, soy imágenes, soy palabras, soy acciones.