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VISITA AL DOCTOR IRIS - NATHALY RAMÍREZ

Visita al Doctor Iris - Nathaly Ramírez

12 de Diciembre del 2016

Me presento, mi nombre es Nathaly Ramírez, tengo 27 años, y hace tres años aproximadamente tuve la oportunidad de conocer a un iridólogo, profesional de la salud especializado en identificar y localizar enfermedades además de patrones genéticos y tendencias psicológicas, a través del iris del ojo humano. Mi objetivo en su consulta, además de encontrar respuestas certificadas al por qué de mi desnutrición y una forma segura de subir de peso -al contrario del 90% de pacientes que acuden a éste tipo de medicina con el fin de adelgazar y curarse de enfermedades crónicas-, era el de satisfacer de alguna manera mi curiosidad sobre la autenticidad del diagnóstico que el iridólogo daría viendo mis ojos.

Me hallé entonces frente a un sujeto implacable. El “doctor iris”, como he decidido nombrarlo ahora, clavó su aguda mirada celeste y la luz de una linternita en mis pupilas. Sus afirmaciones fueron acertadas, no dudé de la veracidad de su diagnóstico y decidí someterme a un régimen alimenticio con el que realmente simpatizaba. Hacía ya ocho años que había dejado de comer carnes rojas, pollo y en alguna medida, bebidas gaseosas, productos grasosos e impregnados de preservativos y colorantes, de modo que iniciar una dieta vegana representaba para mí, un camino de aprendizaje y limpieza profunda, justo lo que estaba buscando para aquel momento de mi vida.

Sin embargo, la dieta que me receto el “doctor iris” era más exigente de lo que a simple vista aparentaba ser. Implicaba entre otras cosas, adquirir el hábito durante los tres meses que duró, de bañarme todos los días con agua fría para activar la circulación; tomar infusiones de distintas hierbas durante el día; comer los alimentos sin sal y azúcar en lo absoluto; mojarme bajo la lluvia de diez a veinte minutos cada vez que tuviera la oportunidad; no comer ningún tipo de pan ya fuese blanco o integral, galletas, arroz, pasta y tampoco comida preparada desde el día anterior. La dieta se desarrollaba progresivamente comiendo crudo, ligero y restringidamente en tipos de productos mas no en cantidad, hasta comer variado y cocinado al incluir alimentos como harinas integrales, tubérculos, leche de soya, legumbres etc. Es importante aclarar que cada persona que asume éste compromiso tiene un proceso diferente y el contenido de su dieta varía según sus necesidades y dolencias.

No obstante, el éxito de la dieta estaba en los baños de asiento, remedio natural en el cual el bajo vientre está cubierto de agua fría o caliente, según las necesidades de la persona, y que tiene como fin equilibrar la temperatura interna del cuerpo con la externa. De esta manera, según la hipótesis del doctor, el cuerpo deja de ser un medio potencial para el cultivo de microorganismos nocivos para la salud.

En el proceso de la dieta hubo una fase en la que durante diez días lo único que podía comer era naranjas. Esta fue la parte más dura para mi pues bajé significativamente de peso y bueno, no era fácil vivir solo de la naranja mientras toda mi familia comía delicioso a mi alrededor. Sin embargo, fue a partir de la siguiente fase que mi alimentación empezó a nutrirse de más productos y empecé a subir de peso de manera constante.

Someterme a este régimen alimenticio despertó mi sentido del gusto, ya que redescubrí el verdadero sabor de cada alimento al no ser opacado con el homogeneizante sabor de la sal o el azúcar. Increíblemente también descubrí que me podía alimentar de los olores que expedían los alimentos al ser cocinados; recuerdo las veces que cruzaba el parque de Usaquén en horas de almuerzo y a través de mi olfato, absorbía una orquesta de sabores que me atacaba por todos los frentes! Aprendí a disfrutar el proceso de todas las formas posibles antes que rendirme a la angustia o la ansiedad. Le perdí el miedo a bañarme con agua fría, hábito que hasta el sol de hoy conservo y disfruto; dejé de comer definitivamente pescado y todo tipo de carne; mi digestión y nutrición mejoró notablemente y además, sentí que me había fortalecido mentalmente para afrontar otro tipo de pruebas igual o más duras que esa.

Agradezco a la vida por mostrarme otros caminos en los que me cruzo con personas que pasan por pruebas aún más tenaces que la mía con las naranjas! como el aterrador caso de una señora de 70 años que durante diez días debía solo tomar jugo de limón, situación que la curó de una grave enfermedad. Es increíble la fuerza de voluntad de personas como ella y otros pacientes que cada semana compartían sus vivencias en la sala de espera del consultorio del “doctor iris” y que para mi, es el resultado del conocimiento adquirido sobre el inmenso valor que tiene la buena alimentación para la salud.

Escrito por : Nathaly Ramírez

Julian Alejandro Morales Umbacía